El Derecho al Silencio

La experiencia

Hace años tuve la bendición de visitar Japón. Recuerdo que mientras viajaba en un bus público en la ciudad de Kyoto me entró una llamada al celular y tras casi un minuto de conversación, pude notar que a pesar que el bus estaba casi lleno de personas, el único ruido que se percibía en el ambiente provenía de mi propia conversación. Algo avergonzado por ello, colgué rápidamente la llamada y unos instantes después atiné a ofrecerle una tímida disculpa en inglés a la japonesa que viajaba sentada a mi lado. Felizmente hablaba dicho idioma pues no sólo me entendió sino que -con cierta dulce compasión- me explico que -ciertamente- en su cultura existía una suerte del derecho al silencio, de modo que nadie atendía llamadas de celular (quizás salvo alguna emergencia) durante viajes en el transporte público, bajo el entendido que esas conversaciones particulares interrumpian el silencio público al que tenían derecho a disfrutar los habitantes de esa milenaria ciudad.

Fue uno de los mejores regalos que pude llevarme de ese viaje al Japón, claro, en forma de lección pues recién a partir de esa experiencia intercultural pude aprender que mis llamadas o conversaciones privadas no estaban por encima del derecho de tod@s a viajar o trasladarse en un armonioso e inspirador silencio. Y es que, ya lo sé, el silencio transmite mucho.

Japon, 2010

Quien cuenta

Manuel Bartra Mujica (Peruano) Mientras sus compañeros de estudios celebran su ceremonia de graduación, Manuel, abogado, prefiere quedarse más tiempo en el Lejano Oriente, donde viaja entre China y Japón, con motivo de una visita a su padre diplomático.

2018-10-18T00:53:04+02:00